No niego que pueda hacer ilusión,
en especial en el caso de los exalumnos, saber qué es de sus vidas y cómo les ha ido, o saber un poco más (gracias a estas redes sociales) sobre qué es lo que realmente interesa al grupo actual, qué les mueve, a qué dedican su tiempo.Sin embargo, es algo que para ser honesta no veo bien. Mi empleo de las redes sociales es de lo más diverso: mantener el contacto con antiguos compañeros de estudios, conversar con compañeros de profesión, intercambiar ideas con amigos actuales. Mis salidas nocturnas son cada vez menos, pero a menudo hay recuerdos gráficos de mi vida social: en la playa con amigas, un viaje con mi pareja, una merienda en pandilla, tomando una copa después de una cena.
Aspectos de mi vida personal que ni quiero ni debo transmitir al alumnado. Quiero mantener una relación cordial, sí, pero con la distancia necesaria en el intercambio docente-alumno.En mis clases en la universidad suelo precisar el primer día, cuando les proporciono mi dirección de correo electrónico, que por razones lógicas no acepto solicitudes de amistad de alumnos en ninguna red social. Sin embargo, me comenta mi amiga que en el instituto la presión es mayor, que todos los alumnos le preguntan si tiene Facebook o Tuenti, o incluso la buscan y solicitan amistad con mensajes simpáticos que, a mi modo de ver, tienen algo de chantaje emocional "para que la profe me acepte".
Me gustaría mucho conocer vuestras opiniones como docentes. ¿Qué clase de "vida" tenéis online? ¿Qué parte de ella compartís con los alumnos?