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jueves, 5 de mayo de 2011

Primavera

Ha llegado la primavera, pero no me refiero al calorcito y el buen tiempo, ni a la campaña anual del Corte Inglés. La primavera ha llegado a mi vida.
Hace ya bastantes meses inicié este proyecto del blog, y poco después tuve que abandonarlo por falta de tiempo. El año 2011 llegó con la sorpresa de que debía asumir en la universidad una inabarcable carga docente en el segundo cuatrimestre, que algunos días me tiene en la facultad desde las 10 de la mañana hasta las 9 de la noche. Ha sido muy duro, pero también he disfrutado mucho porque en la licenciatura, que ya está en vías de extinción por el plan Bolonia, nadie se esfuerza en reconsiderar las asignaturas de siempre, y yo las he abarcado con una perspectiva nueva e incluyendo materiales multimedia.
La cuestión es que ese esfuerzo me obligó a abandonar algunas cosas que, desgraciadamente, no me podía permitir. Pero ha llegado la primavera, y viene cargada de nuevos y estimulantes proyectos. 
  • A nivel profesional, no pierdo la ilusión y, aunque no habrá oposiciones de secundaria hasta junio de 2012 (y esperemos que las haya), voy a volver a enviar mi CV a todos los colegios privados y concertados de la zona, a ver si consigo alguna sustitución. Ya que tengo tan claro que quiero enseñar en secundaria, me servirá más esa experiencia, y seguro que me pagan mejor (dicho sea de paso). Sé que en la mayoría de los casos hay que tener enchufe, pero nunca se sabe.
  • Por supuesto, pese al parón, me siento optimista porque el verano es una época estupenda para retomar el estudio de las oposiciones.
  • En el plano personal me estoy metiendo en un nuevo proyecto que incluye cambiar mi oscuro pisito en el centro por una luminosa casa en un pueblo. Mucho trabajo, por supuesto, pero también una ilusión enorme.
Así que aquí estoy, de vuelta, con la misma ilusión de siempre (aunque un poquito cansada, para qué negarlo), con ganas de contar algunas experiencias recientes y compartir mi proceso de aprender a enseñar.

martes, 7 de diciembre de 2010

El profesor y las redes sociales


Una de mis preocupaciones "teóricas" sobre la relación cotidiana con los alumnos es sobre la vida "online". Tengo una muy buena amiga cuyas cuentas en dos conocidas redes sociales (Tuenti y Facebook) son un catálogo completísimo de alumnos y exalumnos.
No niego que pueda hacer ilusión, en especial en el caso de los exalumnos, saber qué es de sus vidas y cómo les ha ido, o saber un poco más (gracias a estas redes sociales) sobre qué es lo que realmente interesa al grupo actual, qué les mueve, a qué dedican su tiempo.
Sin embargo, es algo que para ser honesta no veo bien. Mi empleo de las redes sociales es de lo más diverso: mantener el contacto con antiguos compañeros de estudios, conversar con compañeros de profesión, intercambiar ideas con amigos actuales. Mis salidas nocturnas son cada vez menos, pero a menudo hay recuerdos gráficos de mi vida social: en la playa con amigas, un viaje con mi pareja,  una merienda en pandilla, tomando una copa después de una cena. Aspectos de mi vida personal que ni quiero ni debo transmitir al alumnado. Quiero mantener una relación cordial, sí, pero con la distancia necesaria en el intercambio docente-alumno.
En mis clases en la universidad suelo precisar el primer día, cuando les proporciono mi dirección de correo electrónico, que por razones lógicas no acepto solicitudes de amistad de alumnos en ninguna red social. Sin embargo, me comenta mi amiga que en el instituto la presión es mayor, que todos los alumnos le preguntan si tiene Facebook o Tuenti, o incluso la buscan y solicitan amistad con mensajes simpáticos que, a mi modo de ver, tienen algo de chantaje emocional "para que la profe me acepte".
Me gustaría mucho conocer vuestras opiniones como docentes. ¿Qué clase de "vida" tenéis online? ¿Qué parte de ella compartís con los alumnos?

lunes, 29 de noviembre de 2010

Historia de una locura

Cuando se lo cuento a la gente, me llaman loca. "¿Pero, alma de cántaro, tú sabes lo que es un instituto hoy en día?". Y la verdad, la verdad, es que tengo que decir que no, que ni sé lo que es un instituto hoy ni sé lo que ha sido nunca, porque salvo el mes y medio que estuve haciendo las prácticas del CAP no he pisado un instituto en mi vida. 
Estudié en un colegio concertado hasta COU (que entonces se hacía BUP y COU), y desde que tengo uso de razón sabía que yo quería ser profe de literatura. Terminé mi carrera a los 23 añitos y decidí que quería seguir estudiando, así que me lié la manta a la cabeza y me puse con la tesis. Hoy soy doctora y doy algunas clases de literatura en la universidad, pero nadie parece entender que tras haber hecho la tesis mi objetivo sea trabajar en un instituto.
Y no es que no vea las ventajas de la docencia universitaria (que las tiene), ni las dificultades de ejercer en un instituto (tengo amigos). Tengo miles de razones, pero daré solo unas cuantas. De muestra.
  1. Lo que me llevó a estudiar lengua y literatura fue mi pasión desde pequeña por la lectura, pasión que quisiera poder transmitir a mis alumnos. Mi deseo es crear lectores, cosa que no puedo hacer en la universidad: si un chico de 20 años estudia Filología Hispánica y no le gusta leer, definitivamente es un caso perdido.
  2. Desgraciadamente, la enseñanza universitaria tiende al anonimato. Conoces de vista a los alumnos de la primera fila, te sabes el nombre de 6 en un grupo de 40; has hablado sólo con 3 en los cambios de clase. Yo quiero conocer a mis alumnos.
  3. A veces pienso que soy demasiado... creativa (por no decir excéntrica), y que la universidad aún no está preparada para mis extravagancias pedagógicas. No sé por qué me miran raro cuando hablo de la publicidad subliminal en las series de moda de la tele para explicar el teatro del Siglo de Oro.
Aún así, he tenido suerte, porque estoy dando clase a un grupo muy especial este año (ya hablaré de esto en otro momento). Así que disfruto como puedo, y en mis ratos libres abono mi sueño del instituto estudiando temas de oposición. Y se me pasan las noches programando de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, ¿se me secará el celebro, de manera que venga a perder el juicio? ;)
En estas páginas dejaré la historia de mi locura, para quien quisiere leerlas.